jueves, 5 de agosto de 2010

Rumbo al Alto Perú

Designado representante de la Junta en el Ejército Expedicionario al Alto Perú, comandado por Antonio González Balcarce, Castelli alcanzó durante el desarrollo de esta campaña militar los ribetes más destacados de su actuación revolucionaria. Después de un breve encontronazo desfavorable en Cotagaita, el ejército patriota alcanza su primer y gran victoria en la batalla de Suipacha, el 7 de noviembre de 1810.

Conforme a las directivas recibidas de la Junta de Buenos Aires, y ratifi cadas en esa oportunidad, Castelli ordenó el fusilamiento de los jefes españoles: mariscal Vicente Nieto, capitán de fragata José de Cordova y Rojas y don Francisco de Paula Sanz, gobernador de Potosí. En pocas semanas toda la región minera de Potosí estaba en manos de los patriotas.
En su calidad de representante de la Junta, Castelli, que con frecuencia chocaba en materia de opiniones e ideas con el segundo jefe del Ejército Expedicionario, coronel Juan José Viamonte, demostró una vez más ser poseedor de una inquebrantable determinación. Encaró, con mano férrea, importantes reformas administrativas: reorganización de la Casa de Moneda de Potosí, reforma de la Universidad de Charcas y la propuesta de conceder a los indios el derecho al voto.
Estas medidas revolucionarias y los encendidos discursos de Castelli en cada pueblo y aldea a que arribaba el ejército patriota, convocando, a la indiada a sumarse a la Revolución, le granjearon la hostilidad de los hacendados y popietarios mineros altoperuanos, legendarios explotadores de la masa indígena.

Las proclamas y apelaciones de Castelli estaban lejos de limitarse a la retórica. Desde las gradas de Kalassassaya, en el Tiahuanaco, proclamó, por instruccciones de la Primera Junta, la libertad del indio, desbaratando el poder de mineros y encomenderos.
Es muy probable que, ya para entonces, los primeros síntomas de una tumoración en la lengua empezaran a manifestarse, estimándose como probable punto de partida del proceso maligno que insidiosamente se desarrollaba, la quemadura accidental con un cigarro de los que era inveterado fumador.

A todo esto, la tregua acordada entre el jefe español Goyeneche y Castelli, después de la batalla de Suipacha, no fue respetada por el militar realista, quien, con fuerzas superiores y mejor equipadas asaltó por sorpresa el campamento patriota en Huaqui el 20 de junio de 1811, infligiendo a las fuerzas revolucionarias una dura derrota que las obligó a replegarse, volviendo el Alto Perú a manos del ejército realista.

Una azarosa biografía

Juan José Antonio Castelli nació en Buenos Aires el 19 de julio de 1764. Fue hijo de un protomédico veneciano, Angel Castelli Salomón y de una criolla, María Josefa Villarino y González de Islas. Comenzó sus estudios en el Real Colegio Convictorio de San Carlos y los prosiguió en Córdoba , en el Colegio de Monserrat. Decidido a seguir la carrera de Derecho, fue a la Universidad de Chuquisaca, en el Alto Perú, y obtuvo la licenciatura en 1788. Vuelto a Buenos Aires abrió un estudio. Poco después, en 1796, a instancia de su primo Belgrano, fue nombrado secretario interino del Consulado de Comercio y , tres años más tarde, designado Regidor del Cabildo.

Estaba casado con María Rosa Lynch, con quien tuvo seis hijos. En 1801 fue cofundador de la Sociedad Patriótica, Literaria y Económica, escribiendo en el Semanario de Agricultura y en el Telegráfo Mercantil. A partir de los hechos del 25 de Mayo de 1810, aparece decididamente enrolado en el partido morenista, que encarnaba, para algunos autores la versión local de un jacobinismo nacionalista e hispanoamericano (Fernando L. Sabsay – A. J. Pérez Amuch+astegui, La sociedad argentina, Génesis del Estado Argentino, Fedye, 1973). Su pertenencia a esa corriente quedó ratificada en su actuación como vocal de la Junta de Mayo, y en su apoyo incondicional a las medidas propuestas por el Secretario de la Junta, Mariano Moreno, al punto de convertirse en el ejecutor fiel de las directivas más draconianas emanadas de aquél, tales como el fusilamiento de Liniers y sus seguidores en Córdoba y de las autoridades mlitares y civiles de Potosí en la campaña del Alto Perú.

Con el fusilamiento de Liniers, que daría lugar a severas diferencias y cuestionamientos políticos en las filas de los patriotas, se procuró cortar de raíz las tentativas de la contrarrevolución por volver a levantar cabeza, asegurando el control revolucionario sobre las intendencias de Córdoba y Salta, dejando expedito el camino al Alto Perú. En éste se concentraba una poderosa fuerza realista al mando del general Goyeneche.

"Un tumor me pudre la lengua"

Preso en una escuela mientras es juzgado, Castelli inspira al narrador argentino Andrés Rivera un libro que lo hará merecedor del Premio Nacional de Literatura 1992. En la obra, La revolución es un sueño eterno (Alfaguara, 1995), el personaje Castelli imaginado por Rivera, da cuenta de su padecimiento.

Juan José Castelli fue Vocal de la Primera Junta de Gobierno surgida en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810. Para entonces, ya no era un desconocido en la apartada aldea que se incorporaba en febriles jornadas, a la caudalosa corriente de la historia mundial. En las postrimerías del régimen virreinal, quien se consagrará como el orador de la Revolución, ya se destacaba como un hábil abogado porteño tenido en cuenta por la élite criolla del Puerto. Comprometido con las vicisitudes que acompañan, en el Río de la Plata, al desmoronamiento del imperio español en América, Castelli será protagonista de sonados episodios. Así ocurre cuando por orden del Virrey Liniers, fue arrestado en Montevideo el médico inglés Diego Paroissen con papeles comprometedores pertenecientes a Saturnino Rodríguez Peña, en los que este urgía la coronación de la infanta Carlota Joaquina. En esas circunstancias, Castelli asumió la defensa de Paroissen y otros implicados. Todavía no había aparecido signo alguno de su enfermedad.
El joven abogado había adherido a la corriente carlotista y fue uno de los firmantes de la memoria redactada por su primo, Manuel Belgrano, reivindicando los derechos de la Infanta al trono de Buenos Aires. La infanta era hermana de Fernando VII y esposa del regente de Portugal, país este último muy sometido la influencia de Inglaterra. En cierto momento , la infanta reclamó para sí los derechos vacantes de la monarquía española y logr+ó el apoyo, bien que fugaz y a todas luces ingenuo de algunos de los partícipes en el proceso que se iniciaba de la Revolución y la Independencia.

La importancia del incidente es doble. Por un lado es demostrativo del impacto que la cambiante situación europea de principios del siglo XIX iba teniendo sobre los círculos ilustrados de criollos que en la capital virreinal veían acercarse la hora de grandes decisiones. Por otra parte, se considera el escrito de Castelli, presentado en defensa de los procesados, como el basamento jurídico más importante del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. En esa defensa, Castelli desarrolla la argumentación, que se expondrá más tarde en el célebre Cabildo, sobre el derecho de los pueblos americanos a reasumir su soberanía, como consecuencia de la caída de Fernando VII como prisionero de Napoleón.

Imagen de la junta de mayo en la casa de tucuman donde se puede ver a Juan Jose Castelli y otros integrantes delegando sobre el virrey Cisneros.

Juan Castelli


Juan José Castelli tal vez fue nuestro primer gran político. Iluminado por las nuevas ideas desarrolló una acción política que señaló el camino hacia la nueva Nación Argentina. Su vida ilustra las terribles tensiones que deben soportarse cuando se desea cambiar radicalmente su tiempo. Es la historia de las múltiples contradicciones que la acción política debe resolver para prohijar la construcción colectiva de una nueva sociedad.

jueves, 15 de julio de 2010

Casa Historica de Tucuman


La Casa Histórica de la Independencia, es un edificio histórico localizado en el centro de la ciudad argentina de San Miguel de Tucumán, donde un cuerpo de delegados de la mayoría de las Provincias Unidas del Río de la Plata, conocido como el Congreso de Tucumán, proclamó la declaración de independencia de la Argentina, el 9 de julio de 1816. Al momento de declararse la Independencia la casa pertenecía a Don Pedro Antonio de Zavalía y Andía Varela quien la había recibido como dote de casamiento con Doña Gertrudis Laguna y Bazán.

jueves, 8 de julio de 2010

Perfil de Juan Jose Castelli

Juan José Castelli fue uno de los impulsores de la Revolución de Mayo, gesta con que se inició el proceso que daríalugar a la Nación Argentina. Como abogado y periodista, Castelli fue uno de los introductores de las ideas de la Ilustración al Río de la Plata. Como político, formó parte de la primera sociedad secreta criolla que más adelante sería conocida como “partido de la independencia” y negoció con emisarios y espías de la corona británica, a la que se opuso cuando se revelaron sus intenciones anexionistas. Secundó a Manuel Belgrano en el “Carlotismo”, un malogrado proyecto que proponía crear en el Virreinato del Río de la Plata un reino independiente, con una monarquía constitucional encabezada por Carlota Joaquina de Borbón.

Sin embargo su contribución más importante fue su acción política que logró la unidad entre las diferentes facciones de la política criolla, sin la cual no hubiese llegado a buen fin la revuelta de Mayo. Cuando llega la noticia de la caída Junta de Sevilla se inicia el proceso que concluiría en la Revolución de Mayo y la figura de Castelli cobró una gran relevancia. Junto a Belgrano inició las negociaciones para realizar un cabildo abierto, ya que al caer la Junta que había designado al virrey, la autoridad del mismo carecía de legitimidad. La presión ejercida por Castelli y Martín Rodríguez, más la negativa de Saavedra a dar apoyo al virrey con el Regimiento Patricios, obligo a Cisneros a permitir la realización de las sesiones del cabildo.

La oratoria desarrollada por Castelli en estas jornadas le hicieron ganar el mote de “el orador de Mayo” y su conducción política fue determinante para el éxito de la revolución. En la jornada del 22 de Mayo, Castelli intentó imponer su idea de que a falta de una autoridad legítima, la soberanía regresaba al pueblo y éste debía gobernarse a sí mismo –la llamada doctrina de la retroversión de la soberanía de los pueblos–. Sin embargo, el Cabildo decidió formar una junta que incluía a Castelli y Saavedra pero que era presidida por Cisneros. Por tal motivo, tanto Castelli como Saavedra renuncian a los cargos y esta junta nunca llegó a gobernar. Inmediatamente, los representantes de las distintas extracciones criollas de la política local comienzan a negociar y conforman la lista de integrantes para la Junta que se proclamaría el 25 de mayo. Castelli es designado Vocal. En estos días forja una fuerte amistad con Mariano Moreno, con quien comparte tanto los ideales rousseaunianos como una fuerte voluntad de extremar medidas para consolidad el nuevo gobierno. Tal actitud les hizo ganar el calificativo de “jacobinos”.

Uno de los primeros actos de gobierno propulsado por Castelli fue la expulsión de Cisneros y los oidores de la Real Audiencia. En agosto, frustrada la contrarrevolución encabezada por Santiago de Liniers en Córdoba, la Junta comisiona a Castelli para ejecutar la orden de fusilamiento de los rebeldes. En Cabeza de Tigre, en el límite entre Santa Fe y Córdoba, Castelli ordenó el fusilamiento del ex virrey y del gobernador cordobés Juan Gutiérrez de la Concha –entre otros conspiradores–. Domingo French fue el encargado de ejecutar la sentencia. El 6 de septiembre la Junta dispuso que Castelli asumiera el mando político del “Ejercito del Perú” –Ejercito del Norte– y dirigiese las operaciones de la Campaña al Alto Perú. Las tropas dirigidas por González Balcarce vencen al ejército realista en la batalla de Suipacha –7 de noviembre– y el Alto Perú lo que permitió controlar todo el Alto Perú sin oposición.

Castelli instaló su gobierno en Chuquisaca y comienza a hacer reformas de índole social y económico: proclama el fin de la servidumbre indígena y prohíbe en el Alto Perú. Reorganiza la Casa de Moneda de Potosí, planea la reforma de la Universidad de Charcas y propone conceder el derecho a voto a los indígenas. Prohibió que se establecieran nuevos conventos o parroquias, para evitar que los indigenas fueran sometidos a servidumbre por las órdenes religiosas. Este decreto fue publicado en castellano, guaraní, quechua y aymará. Coherente con estas reformas, Castelli festejó el 25 de mayo de 1811 en Tiahuanaco con los caciques indios, donde rindió homenaje a los antiguos incas.
Sin embargo, a pesar de las profundas transformaciones sociales y políticas que propicia en la sociedad altoperuana a favor de los indios y criollos, esta experiencia concluye en forma catastrófica. En parte, el fracaso es causa de la precaria situación militar y final derrota del Ejercito del Norte; pero mucho más se debe a la intransigencia y dureza de su gobierno a la hora de imponer un nuevo orden que, a todas luces, se oponía a la cultura política y religiosidad popular.
Tras la derrota de Huaqui –19 de junio– los habitantes del Alto Perú abrieron las puertas de sus ciudades a los realistas y el ejército debió abandonar rápidamente esas provincias. En octubre, Castelli fue separado de su cargo y, en diciembre, enjuiciado en Buenos Aires por sus adversarios políticos, es decir, el Primer Triunvirato. Un cáncer de lengua, lo imposibilitó de defenderse de palabra. La justicia no había llegado a expedirse un año después, cuando falleció en octubre de 1812.

Juan José Castelli tal vez fue nuestro primer gran político. Iluminado por las nuevas ideas desarrolló una acción política que señaló el camino hacia la nueva Nación Argentina. Su vida ilustra las terribles tensiones que deben soportarse cuando se desea cambiar radicalmente su tiempo. Es la historia de las múltiples contradicciones que la acción política debe resolver para prohijar la construcción colectiva de una nueva sociedad.